Recuerdo cuando empecé a experimentar mis primeros atisbos del placer por la dominación.
Hasta el momento una cosa era ser consciente de que tenía un caracter dominante, que en todas mis relaciones afectuosas había sido yo quien tiraba del carro, la que marcaba los tiempos...en definitiva, la que tenía muy claro cómo encaminar mis/nuestras expectativas. Y otra bien diferente era el aspecto sexual.
Siempre me ha acompañado el afán por hacer lo que me viene en gana con la parte lógica de todo cuanto me propongo, de hecho ahí reside la gracia de ser capaz de mantener el vuelo a un metro del suelo. En el sexo no era diferente. Empecé a practicarlo más tarde que las jóvenes de mi edad pero, ¡ay madre, qué pronto le cogí el gustito a experimentar!
Cuando intento recordar cómo fue la primera vez, me viene a la mente Ale. Aunque antes ya se había escapado algún azote enmascarado, algún juego de fuerza en algunos de mis encuentros sexuales, nada comparable con los días, tardes o noches en las que aquel hombre y yo nos dejabamos llevar, estuvieramos donde estuvieramos.
Por aquel entonces yo ni siquiera había oído hablar de sumisos y dominantes y mucho menos me veía como una sádica que pudiera sentirse bien con ello. Con él descubrí una parte de mí que me gustó y que, tiempo después cuando la madurez me diera un empujón para sentirme bien haciendo lo políticamente incorrecto, y Norimaki entrara en mi vida sin planteamientos, desarrollaría una vida llena de contrastes.
Soy una mujer afortunada, he sabido esperar al destino y él me ha regalado compañeros de instantes inolvidables, situaciones que he sabido aprovechar y otras tantas, menos agradables, a las que les he sabido sacar todo su jugo (o al menos el necesario para que no dejen un regusto amargo).
Todas y cada una de mis experiencias, de las personas que han contribuido de una forma u otra, han conseguido que desee seguir jugando con las sensaciones, con el imprevisto, con un sexo impredeciblemente diferente y motivante.
No me canso de pensarlo, soy extremadamente afortunada...y es que no podría ser de otra manera para que, hoy por hoy, le siga sonriendo al destino cuando intuyo lo que tiene preparado para mí.
Sin prisas, naturalmente.
Renglones Torcidos
Control o fluidez
Cuando una vive pendiente de todo cuanto le rodea, habituada
a la necesidad de control de cada situación, de cada movimiento, disfrutando
con el efecto que ello comporta, es complicado dejarse llevar.
No es una cuestión de ceñirse a un comportamiento
determinado y no dejar margen para el cambio. Me limito a proceder en función
de lo que me abrasa por dentro y ahí residen mis pros y mis contras. Es
delicado dejar de ser, una siente como siente y me resulta difícil actuar de
otro modo. Tal vez en éso reside la fluidez de la espera, en desenvolverse sin
prejuicios en ámbitos diferentes, sin previo aviso, disfrutando al hacerlo.
Tal vez llevada por el nerviosismo que en ocasiones me
apuñala, últimamente me sorprendo en punto muerto. Ni chicha ni limoná, que
dicen algunos. Sé que es cuestión de tiempo que retome mis conductas pero ser
consciente de que se espera algo de mí, hace que huya de todo cuanto,
curiosamente, también deseo.
Yo, que hasta el momento creía que jamás aprendería a
dejarme llevar, ahora percibo que casi me obligo a ello. Ya desde pequeña,
cuando tocar el piano me apasionaba y el indeseable me obligaba a sentarme e
improvisar, aprendí que soy capaz de abandonar mi pasión si sumergirme en ella
se convierte en una obligación.
Siempre se ha esperado algo de mí, personas diferentes,
situaciones diferentes, consecuencias diferentes…pero con un denominador común:
decepcionar o no.
Hoy es reflexión, ¿por qué esta sensación de tibieza, de un
“casi” constante, de querer permanecer en un rincón y tan sólo observar? Tal
vez porque ahora deseo dejarme llevar. Pocas cosas necesito en mi vida, hoy ésa
es una de ellas. Y quizá mañana piense que no ha merecido la pena, pero
“mañana” es otro día…
Cuestión de tiempo, de decepción, de fluir, de conquistar
una nueva faceta en mí. No es un objetivo, ni siquiera un deseo que lograr, es
la sensación de aprender a conocer(me) y encontrar a la que soy. Quizá de ese
modo logre relajarme y retomar a la Dama creativa, constante y persuasiva que
fui no hace demasiado, la que disfrutaba manejando, provocando, cada situación.
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Yo
Desnatada
Estoy al borde de ser borde,
me lo noto.
El precipicio crece,
estoy cansada.
Estoy al borde de ser borde,
estoy a punto
de nieve
mucha nieve. Estoy helada.
me lo noto.
El precipicio crece,
estoy cansada.
Estoy al borde de ser borde,
estoy a punto
de nieve
mucha nieve. Estoy helada.
Estoy al borde de ser borde
y duele mucho.
¡Dios mío, hazme mediocre!
Estoy cansada
de apostarme la vida a cada instante,
de ir desnuda y verter en todo, el alma.
y duele mucho.
¡Dios mío, hazme mediocre!
Estoy cansada
de apostarme la vida a cada instante,
de ir desnuda y verter en todo, el alma.
Déjame que me quede aquí
en el medio,
envuelta en celofán,
bien razonada.
en el medio,
envuelta en celofán,
bien razonada.
Dame mesura, Dios,
dame mesura,
mesura chapucera y cotidiana.
dame mesura,
mesura chapucera y cotidiana.
Hazme mediocre, Dios
hazme mediocre.
En vez de corazón
una ensaimada.
Y el alma en tetra-brik
para que dure....
hazme mediocre.
En vez de corazón
una ensaimada.
Y el alma en tetra-brik
para que dure....
Ten compasión
y hazme desnatada.
y hazme desnatada.
(Belén Reyes. Madrid)
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sinmás
De palabras y otros remedios
Hace 6 años, en un blog de cuyo nombre no quiero acordarme, escribí:
"Hay una historia que habla de una época en la dictadura
uruguaya, donde en cárceles y prisiones, en todo el país, estaba prohibido
hablar. Cuando la comunicación era un delito, hay quien encontró la esperanza
en el lenguaje de los dedos.
Algunos presos pasaron más de diez años en calabozos
minúsculos, sin poder dialogar con nadie, de ése modo Fernández Huidobro y
Mauricio Rosencof consiguieron salvarse y hablar con golpecitos a través de la
pared.
Se contaban mil historias; sueños, amores y desamores, encuentros
y venganzas. Se peleaban, se comprendían y compartían belleza, dudas e incluso
alguna pregunta que no tenía respuesta.
Esta pequeña historia –igual que recoge el autor- me da qué
pensar:
Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a
la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las
manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos,
tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás
celebrada o perdonada."
Creo que es lícito que cada uno exprese cuanto siente del
modo que mejor le va. Hay quien se expresa con la música, con el sexo, con la poesía, con la
escritura, con la mirada o incluso con el deporte –lo que hablaba mi cuerpo
cuando yo patinaba-. La cuestión es que no dejemos nunca de comunicarnos y poder
seguir despejando dudas, que al fin y al cabo es lo único que no nos deja
avanzar, sea cual sea el destino.
Siempre he preferido las palabras escritas (incluso los silencios a gritos) que los discursos sin fundamento. Sentir, pensar y proceder...en ese orden.
Tarde de pedacitos.
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días
666
Seiscientos sesenta y seis poemas. José Puente.
Eme, Bob, El petit Kiepura...no están. F los aparcó pero ha vuelto con sus espirales, sus ciclos, su infinito. Tal vez el universo, que sorprende sin previo aviso, lo trajo de vuelta para que vea cómo se vomitan las piedras preciosas.
Su pulmón (que ahora no es de acero), donde ha compartido interiores, paréntesis, pajas y sueños, se ha publicado.
José Puente, el escritor para otros. F, mi eme, el que sigue escribiéndome entre paréntesis sin cerrar, me ha encontrado, años después de.
Y he vuelto a leerle y a conmoverme entre letras familiares, entre años sin saber.
Me dice que la vida es lo que nos dejan después de trabajar como mulas para seguir avanzando, sea cual sea la dirección, o el orden de las cosas nunca podría cerrar nada. Ni paréntesis, ni besos, ni corazones.
No importa cuánto tiempo pase o cuántas palabras se callen, se guarden o no se encuentren. Mi ego se alegra de haber contribuído, de haber sido Maga.
Eme, Bob, El petit Kiepura...no están. F los aparcó pero ha vuelto con sus espirales, sus ciclos, su infinito. Tal vez el universo, que sorprende sin previo aviso, lo trajo de vuelta para que vea cómo se vomitan las piedras preciosas.
Su pulmón (que ahora no es de acero), donde ha compartido interiores, paréntesis, pajas y sueños, se ha publicado.
José Puente, el escritor para otros. F, mi eme, el que sigue escribiéndome entre paréntesis sin cerrar, me ha encontrado, años después de.
Y he vuelto a leerle y a conmoverme entre letras familiares, entre años sin saber.
Me dice que la vida es lo que nos dejan después de trabajar como mulas para seguir avanzando, sea cual sea la dirección, o el orden de las cosas nunca podría cerrar nada. Ni paréntesis, ni besos, ni corazones.
No importa cuánto tiempo pase o cuántas palabras se callen, se guarden o no se encuentren. Mi ego se alegra de haber contribuído, de haber sido Maga.
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eme
3,2,1...
Hay momentos en los que es necesario darse un respiro, casi una oportunidad. Después de tanta subida y bajada, ha llegado el momento de parar, tomar aire fresco lentamente y disfrutar del sol que esta primavera empieza a anunciar.
No importa si es o no el mejor momento, lo sabré mañana. Hoy siento que quiero hacerlo y, después de tanto tiempo conmigo misma, no me voy a contradecir.
Permitir el margen para aquello que no queda dentro y sentirme de nuevo. Viva, entusiasta, paciente, exigente...y es que no sé sentir de otro modo que en esa permanente espiral.
Hay lapsos de tiempo en los que todo me vuelve irascible, incluso el más mínimo detalle, una palabra que no espero o una nimiedad que cualquier otro pasaría por alto, se convierte de repente en el propulsor de un cambio de dirección.
Intuición que casi nunca me ha fallado. Lo que para unos es susceptibilidad para mí siempre ha sido sensibilidad. Tal vez me equivoque al creer de ese modo pero es el mío y hasta la fecha no me ha defraudado. Todo cuanto intuyo, los detalles que observo, lo que se esconde detrás de palabras, me regalan indicios de lo que está o no por venir, de lo inminente...y no siempre quiero estar presente.
A escasas horas de un fin de semana lleno de sol, preparo las pecas para bañarme en él.
Llenar mi pecho de aire y soltarlo por la boca lentamente, con el disimulo de quien empieza a recobrar la fuerza. Tengo cuanto necesito para que el viaje sea placentero, solo queda emprenderlo.
3,2,1...
No importa si es o no el mejor momento, lo sabré mañana. Hoy siento que quiero hacerlo y, después de tanto tiempo conmigo misma, no me voy a contradecir.
Permitir el margen para aquello que no queda dentro y sentirme de nuevo. Viva, entusiasta, paciente, exigente...y es que no sé sentir de otro modo que en esa permanente espiral.
Hay lapsos de tiempo en los que todo me vuelve irascible, incluso el más mínimo detalle, una palabra que no espero o una nimiedad que cualquier otro pasaría por alto, se convierte de repente en el propulsor de un cambio de dirección.
Intuición que casi nunca me ha fallado. Lo que para unos es susceptibilidad para mí siempre ha sido sensibilidad. Tal vez me equivoque al creer de ese modo pero es el mío y hasta la fecha no me ha defraudado. Todo cuanto intuyo, los detalles que observo, lo que se esconde detrás de palabras, me regalan indicios de lo que está o no por venir, de lo inminente...y no siempre quiero estar presente.
A escasas horas de un fin de semana lleno de sol, preparo las pecas para bañarme en él.
Llenar mi pecho de aire y soltarlo por la boca lentamente, con el disimulo de quien empieza a recobrar la fuerza. Tengo cuanto necesito para que el viaje sea placentero, solo queda emprenderlo.
3,2,1...
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