3,2,1...

Hay momentos en los que es necesario darse un respiro, casi una oportunidad. Después de tanta subida y bajada, ha llegado el momento de parar, tomar aire fresco lentamente y disfrutar del sol que esta primavera empieza a anunciar.
No importa si es o no el mejor momento, lo sabré mañana. Hoy siento que quiero hacerlo y, después de tanto tiempo conmigo misma, no me voy a contradecir.

Permitir el margen para aquello que no queda dentro y sentirme de nuevo. Viva, entusiasta, paciente, exigente...y es que no sé sentir de otro modo que en esa permanente espiral.
Hay lapsos de tiempo en los que todo me vuelve irascible, incluso el más mínimo detalle, una palabra que no espero o una nimiedad que cualquier otro pasaría por alto, se convierte de repente en el propulsor de un cambio de dirección.

Intuición que casi nunca me ha fallado. Lo que para unos es susceptibilidad para mí siempre ha sido sensibilidad. Tal vez me equivoque al creer de ese modo pero es el mío y hasta la fecha no me ha defraudado. Todo cuanto intuyo, los detalles que observo, lo que se esconde detrás de palabras, me regalan indicios de lo que está o no por venir, de lo inminente...y no siempre quiero estar presente.

A escasas horas de un fin de semana lleno de sol, preparo las pecas para bañarme en él.
Llenar mi pecho de aire y soltarlo por la boca lentamente, con el disimulo de quien empieza a recobrar la fuerza. Tengo cuanto necesito para que el viaje sea placentero, solo queda emprenderlo.

3,2,1...

No hay comentarios:

Publicar un comentario