Si por algo me gusta Alejandro Dolina es por esa manera tan suya, tan compartida, de orientar ideas. Las adopta, las retuerce, las modifica a su antojo y, de un modo natural, hace (obviamente, sin él saberlo) que coincidan con las mías. Argentino al que odias o amas...yo, lo adoro.
Hay una historia, "La historia del que no podía olvidar", que aunque es su momento me reventaba las entrañas, he conseguido hacerla mía y aprender a vivir con los errores que me trajo. Dice algo así:
El ruso Salzman tuvo muchas novias. Y a decir verdad solía dejarlas al
poco tiempo. Sin embargo, jamás se olvidaba de ellas.
Todas las noches sus antiguos amores se le presentaban por turno en forma
de pesadilla. Y Salzman lloraba por la ausencia de ellas.
La primera novia, la verdulera de Burzaco, la pelirroja de Villa Luro, la
inglesa de La Lucila, la arquitecta de Palermo, la modista de Ciudadela. Y
también las novias que nunca tuvo: la que no quiso, la que vio una sola vez en
el puerto, la que le vendió un par de zapatos, la que desapareció en un zaguán
antes de cruzarse con él.
Después Salzman lloraba por las novias futuras que aún no habían llegado.
Los hombres sabios no se burlaban del ruso pues comprendían que estaba poseído
del más sagrado berretín cósmico: el hombre quería vivir todas las vidas y es-
taba condenado a transitar solamente por una. Aprendan a soñar los que se con-
tentan con sacar la lotería...
Y es que, definitivamente, hay una sola vida, a pesar de. Y aquellos que pretendan vivirlas al unísono, corren el riesgo de perderlas todas...
Siempre supe que hay muchas en mí pero también aprendí a dejarlas convivir siempre que no se cambiaran los zapatos. Ahora no los encuentro y parece que todo anda manga por hombro aunque, inevitablemente, todo es cuestión de tiempo.
Descalza, sin más...pero sabiendo por dónde piso.
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