Hola mi ama, a sus pies.
Así es como empiezan los mensajes que recibo en las redes sociales casi a diario. Si solo ocurriera en antros virtuales concurridos por cualquier especímen, lo entendería pero, no señores, la curiosidad inicial está al alcance de todos y, por lo visto, ahí se queda, en el inicio.
No digo que alguien que quiere adentrarse en el tema o incluso que ya lo ha hecho y quiere ir más allá, deba tener una diplomatura pero estaría bien quitarse la tan manida idea de llegar y besar el santo que tienen algunos.
Tengo una vida completa en muchos sentidos y hace tiempo que decidí disfrutar de mi sexualidad y todo lo que a ella va unida. He tenido mis encuentros lésbicos y, aunque no me he adentrado en el mundo de las sumisas (que todo se andará) puedo asegurar que las mujeres follamos de un modo muy diferente. Si algún pajillerico me lee, no hace falta aclarar que no me estoy refiriendo a nuestras básicas diferencias de aparato reproductor.
No sé cómo se acerca una sumisa a un Dominante y, de momento, me la pela (sí, hoy me dejo de hostias y hablo claro) pero sí conozco las estrategias de un sumiso hacia una servidora y en todo este tiempo tengo para escribir tres trilogías.
Por un lado está el hombre que huele a "soy novato pero lo disimulo". El ejemplo citado al principio me viene al pelo. ¿Tu ama? pase que ama no lo escribas correctamente (yo, personalmente, lo agradecería...es como leer un mail como si fuera una conversación de whatssap de un crío de 13 años con tanta abreviatura en la escritura como en el cerebro o como los que no se molestan ni en utilizar los signos de puntuación) pero lo de que sea Tu ama implica que ya has empezado a tomar una decisión tú solito y ahí me tocas la uretra.
Por otro lado me encuentro con el que, sin previo aviso, me envía una foto (normalmente desenfocada y con poca gracia) de su polla. Vamos a ver, hombre de dios, ¿pretendes que me excite, que me ponga a llorar o me estás pidiendo trabajo? No entiendo nada.
Luego están esos otros que llegan con toda una retahíla de lo que están dispuestos a ofrecerme -véase: chuparle los pies y/o tacones, que me azote hasta cansarse, humillación pública y/o verbal, feminización...y un largo etcetera que no transcribo para no despertar bostezos). Con semejante listado queda claro que ni por una milésima de segundo se ha parado a pensar en que me está ofreciendo sus propios deseos, no los míos (básicamente porque ni se ha molestado en saber cuáles son) ¿Sumiso, entrega? Ja, me parto.
...y no se vayan, todavía hay más!!! Cómo son los que llegan peloteando lo grandísima Señora que soy. Mis curvas, mi inteligencia, mis clase, mi estilo, mi bla-bla-bla...punto uno: no has visto mas que cuatro fotos que he colgado expresamente y que, si el tiempo me lo permite, retoco con photoshop por aquello de salir morenita, punto dos: no hemos mantenido ni 3 minutos de conversación y ¿ya sabes cuán inteligente soy? Qué puta manía de juzgar (para bien o para mal), aunque no creo ni una sola palabra de estos tipejos.
A veces, el universo (que está lleno de ausencias) le concede a una un instante de felicidad y aparece alguien que despierta mi curiosidad. Pero ese es tema para otro día...
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